Historias del verano: ¿Puede saltar el automático al cerrar una puerta?

PorIgnacio Tornos

Historias del verano: ¿Puede saltar el automático al cerrar una puerta?

Y no me refiero a una puerta automática o motorizada, ni siquiera con sensores de alarma. Sino a una vulgar puerta de madera de un cuarto de baño…

analisis de problemasEntiendo que es una pregunta un poco extraña, así que empezaré explicando por qué he recordado esta historia del pasado. Este verano comenzó con una alianza de los electrodomésticos que me han hecho pasar un buen montón de horas reparándolos. Empecé con la lavadora que nos premió con un error “E21”. El tema era sencillo, media docena de “tazos” habían atrancado el tubo de desagüe. Resolverlo hizo feliz a mi hijo. Casi inmediatamente, el lavaplatos nos regaló un error “E1”. El tema era más complicado porque el manual simplemente dice: “Fuga de agua, avisar al técnico”. El problema es que el técnico es siempre mi última opción, y que el lavaplatos no fugaba agua por ningún sitio…

Buscando en Internet, encontré tres posibles causas para el error E1:
  1. Hay una fuga de agua que llena la bandeja inferior activando una boya que da la alarma (no era el caso).
  2. La bomba de impulsión está rota y no genera suficiente presión (no era el caso).
  3. No se llena suficientemente el friegaplatos por lo que se entiende que el agua que entró se ha perdido (no era el caso).
analisis de problemas
Buscando aún más en Internet, encontré alguien que apuntaba a un condensador electrolítico como la causa (11 euros en la casa, 2 euros en la tienda de electrónica de mi barrio, así que decidí cambiar el condensador y hacer la prueba. Seguía fallando). Una nueva búsqueda en Internet me dirigió a dos TRIACS que fallaban (unos 100 Euros de placa en la casa o unos 15 euros si los localizaba y los cambiaba). La placa está aislada con resina, por lo que hice un par de “ventanas” por delante y por detrás para acceder a los componentes y descubrir que están descatalogados, por lo que decidí asegurar que era la placa (no hay posibilidad de devolverla en caso de que no sea la causa del fallo) y monté de nuevo la placa. El fallo desapareció… ¡El friegaplatos funciona desde entonces sin dar el error!
El problema es que no conozco la causa del fallo. Sospecho que podría tener que ver con el calentamiento de los TRIACS (mayor al estar cubiertos de resina) pero no tengo ninguna evidencia. No verifiqué si se calentaban antes, no se si ahora se calientan. Ni siquiera estoy seguro de que los TRIACS que destapé fueran los que fallaban.
Desde el punto de vista de resolución de problemas, la avería de la lavadora está mucho mejor resuelta. Conozco la causa y puedo poner mecanismos que la eviten en el futuro. En el lavaplatos estoy condenado a que falle en el futuro sin saber cuándo o cómo resolverlo…
Esta diferencia en la “solución” de las averías es la que me hizo recordar algunas otras que en el pasado ocurrieron y que tenían una causa “extraña”:
  • Hace años viví alquilado en una casa vieja en la que la luz se “iba” sin causa aparente. Después de darle mil vueltas decidí llamar a un electricista que me dijo que la instalación era vieja, que no cumplía con la normativa y me pasó un presupuesto de varias decenas de miles de pesetas por arreglarlo. El casero no estaba muy dispuesto a gastarlo. Al cabo de un tiempo, me llamó mi mujer a la fábrica y preguntó: “¿Pueden saltar los plomos al cerrar una puerta?” como la conozco y se que no da puntada sin hilo, dije: “Pueden pero es muy, muy raro”. “Pues saltan”, me contestó. Al llegar a casa me llevó al cuarto de baño y dio un portazo. “Saltaron los plomos”. Incrédulo, rearmé y di otro portazo. El mismo efecto. Mirando, justo encima de la puerta había un calentador de infrarrojos. El cable de alimentación que estaba sujeto en un terminal atornillado había perdido el tornillo. Al cerrar la puerta vibraba y hacía que saltase el diferencial. Luego sí es posible quedarse sin “luz” al cerrar una puerta.
  • Algunos años antes, mientras vivíamos en Oklahoma, me llamó mi mujer y me dijo: “Le he dado un golpecito al coche con la acera y se ha parado…” “¿Hay aceite en el suelo?”, pregunté. “No”. “¿Seguro que ha sido un golpecito?” “Sí, casi no ha sonado y el coche se ha parado”. Salí a buscarla temiéndome lo peor, y al llegar descubrí que el golpecito había cortado dos cables, uno de ellos debía ser del encendido y paro el motor. Si no hubiese parado el motor, algún sistema habría fallado volviéndome loco hasta encontrar la causa… Hasta cierto punto tuve suerte de que se parara el motor.
  • He tenido ratones que se han comido cables del coche haciendo que dejasen de funcionar sistemas (por cierto, hasta que dieron con ello en el taller, estaba en garantía, sustituyeron piezas por valor de 500 euros), ollas que provocaban cortocircuitos en la vitrocerámica y algunas otras averías con causas de lo más extrañas.
En general, cada día las reparaciones se hacen mas por “sustitución”. Ignorando la causa raíz y provocando la reaparición del fallo o de otros peores. Es difícil encontrar un mecánico de los “clásicos” que de verdad analiza el problema y lo resuelve. Todo va demasiado deprisa. Necesitamos el coche inmediatamente. No podemos vivir sin lavadora o lavaplatos. La línea de producción no puede estar parada…
La forma cómo analizamos los problemas, en casa, en la fábrica, en el hospital, en la oficina, en cualquier lugar hace que simplemente los tapemos, sin resolver la causa raíz. Y el método para hacerlo correctamente lo sabemos desde hace cientos de años: El método científico. O mucho más fácil de aplicar, el PDCA y los 5 Por Qués…

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Ignacio Tornos editor