Baby Lean

PorEmma Giralt

Baby Lean

Lean se está aplicando a muchos sectores distintos, y cada día, fruto de las necesidades de las organizaciones y su gestión, se van desarrollando nuevas áreas: lean healthcare, lean education, lean startup, etc. En entradas anteriores ya os comentamos que la filosofía del modelo es la misma para todos los sectores, basada en el Sistema de Producción de Toyota, pero lo que cambia es el cómo se aplica.


Hoy os quiero hablar de algo muy distinto, de una forma de usar Lean en nuestro entorno familiar: de mi experiencia personal aplicando Lean en el cuidado de mi hijo recién nacido. Es lo que hemos bautizado como “BABY LEAN”. Los que seáis padres sabréis que la llegada de un bebé hace que todo nuestro mundo cambie; desaparecen las rutinas establecidas hasta el momento para pasar a vivir en un caos donde los horarios los marcan los biberones, las papillas, los pañales y los pequeños ratos de descanso (siempre a demanda del niño, por supuesto).

Los que me conocéis sabéis que soy organizada y metódica, y que intento aplicar Lean siempre que puedo. La llegada de Marc ha hecho que, en ocasiones sin pensarlo y en ocasiones por necesidad y supervivencia, haya ido implantando en mi casa distintos conceptos, técnicas y herramientas del modelo Lean.

El primer problema con el que nos encontramos los futuros papás es empezar a familiarizarnos con un nuevo vocabulario para intentar hacernos una idea de lo que tenemos que comprar a nuestro bebé. Por ejemplo, en cuanto a la ropa tenemos: bodies (¡los hay hasta de 6 tipos!: cruzado por delante, con cuello americano, con cuello alto, abotonado en el hombro, de tirantes, con cuello de polo…), ranitas, peleles, polainas, camisetas, camisetas batistas, manoplas, calcetines, gorros, etc. Pero pensando que el niño se viste, come, requiere una higiene y baño, sale de paseo, juega… imaginaos la de cosas que necesitan. Yo opté por hacerme una lista VISUAL, a modo de checklist, con imágenes, para saber que necesitábamos y que teníamos.
Os pongo algún ejemplo.

Una vez las compras se habían iniciado, el siguiente paso (porque la verdad, hay que reconocerlo, hace mucha ilusión) era empezar con la habitación del bebé. Aquí el tema es tan fácil o tan difícil como lo queramos hacer. Un recién nacido necesita poco mueble pero a los padres nos gusta montarle una habitación completa: con cuna, cambiador, armario, estanterías, espacios para los juguetes…. En este caso, lo mejor, es utilizar lo que se conoce como 3P (Production Preparation Process) y que nos ayudará a diseñar un espacio físico sin objetos innecesarios, que sea flexible y transitable.
En mi caso, hicimos distintos planteamientos donde ubicamos la cuna, la mecedora, un cambiador (que al final no hemos usado) y un armario. Nuestra idea era crear un espacio especialmente pensado para que el niño juegue, y que pueda ir adaptándose al crecimiento. Por ello, en la medida de lo posible, los muebles tenían que facilitarlo. Por ejemplo, la minicuna se convierte en un banquito que luego podrá usar para leer, dejar juguetes, etc.

Y entre preparativos llegó la fecha esperada. Ya teníamos a nuestro bebé entre nosotros y había llegado el momento de cambiarle el pañal. ¿Habéis pensado alguna vez cuanto tiempo le dedicamos al cambio del pañal a lo largo de la vida de nuestro hijo? ¡Mucho! ¿Y os imagináis que pudiéramos cambiar el pañal como en el video siguiente?

Evidentemente esto es imposible, aunque representa muy bien la aplicación que han hecho del SMED (cambio rápido de formato) en la Fórmula 1. En casa sólo hay una persona para cambiar al niño pero sí que es verdad que tener todo el material preparado de antemano, ubicado en un lugar cómodo y al alcance, y tener muy claro la secuencia de actividades que se pueden hacer “con el pañal puesto” y “sin el pañal puesto” ayuda a que el cambio de pañal sea un éxito. Os garantizo que minimiza mucho el riesgo de que vuestro hijo se haga pipí y os alcance.

La primera semana en casa fue de adaptación a todos los cambios hasta que llegamos a una situación donde conseguimos equilibrar el trabajo entre papá y mamá lo mejor que pudimos. En muchas ocasiones era el pequeño Marc quien nos pedía un proceso en flujo continuo y de asignación de tareas para responder a su demanda. El ejemplo más claro era (y sigue siendo) la rutina del baño-cena-a dormir. En el momento en que decidimos que ha llegado la hora del baño, entre el papá y la mamá nos repartimos las tareas para que el proceso no pare:

Flujo

Un tema crítico, y que debemos tener muy controlado para que el flujo anterior, y muchos funcionen correctamente es el aprovisionamiento de materiales. En nuestro caso, lo crítico es la leche y los pañales. Tanto en un caso como en el otro, hemos montado un Kanban que nos asegura unas existencias mínimas y una compra en función del consumo real.

Y así van pasando las semanas, el bebé va creciendo y la ropa se le queda pequeña. Ha llegado el momento de aplicar un 5S:

 

  1. SEPARAR aquella ropa que aún puede vestir de aquella que ha quedado pequeña. La que ya no le sirve, debemos decidir cuál guardaremos y cual desecharemos.
  2. ORDENAR y ubicar la ropa en el armario, dejando en las zonas de más fácil acceso aquello que vayamos a usar más frecuentemente en las próximas semanas.
  3. LIMPIAR de elementos que entorpezcan.
  4. ESTANDARIZAR cada uno de los espacios del armario y la cómoda. Si además marcamos y etiquetamos espacios, facilitamos que los niños, cuando sean más mayores, guarden y organicen ellos mismos su ropa.
  5. MANTENER gracias a seguir una disciplina y a volver, de forma periódica, a aplicar las primeras “S”.

La idea que tengo es algo así:

5S, Gestión visual

Y ahora que Marc ha cumplido el medio año estamos inmersos en una época de cambios continuos. Hemos empezado con la alimentación complementaria en su dieta, es decir, las papillas. Y para vencer el rechazo que manifiestan algunos niños hacia los alimentos desconocidos (es la resistencia al cambio), le hemos implicado de forma activa en la introducción de estos cambios, ofreciéndole trozos de frutas que él solito devora, y animándole a coger la cuchara de las papillas. Se pone perdido pero disfruta a lo grande. Ha sido todo un acierto.

Y esta está siendo nuestra experiencia con el “BABY LEAN”. Os animo a que penséis y compartamos otras situaciones de la vida cotidiana donde estáis (o podrías estar) aplicando Lean. ¿En la compra? ¿En la organización de la despensa? ¿En la reparación de una bici? Etc.

Emma Giralt

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Emma Giralt editor